LA CASA AMARILLA, BEIRUT RESILIENTE

Dida

LA CASA AMARILLA, BEIRUT RESILIENTE

Por: Dida Sáab

Diariamente paso frente a una construcción icónica, símbolo de tiempo, espacio y sociedad específicos, parte inseparable de nuestra amada Beirut. Me refiero a La Casa Amarilla, conocida también como Beit Beirut (Casa Beirut) o Edificio Barakat, haciendo referencia este último nombre a sus antiguos dueños.

Ubicada en el cruce de las calles Damasco e Independencia, en Sódeco (a la entrada del barrio Ashrafieh), esta construcción que aún presenta huellas de la guerra, es la representación de muchos símbolos. Cuando transitamos frente a ella, la Casa Amarilla no pasa desapercibida. Al contemplarla el tiempo se detiene por un instante, y podemos imaginar que en ella se vivieron épocas de oro, para luego dar paso a tiempos de dolor. Hoy, en calma, vive tiempos de espera.

En 1924, Nicholas Barakat y su esposa Victoria encargaron al arquitecto Youssef Aftimus el diseño y construcción de este edificio. Es de estilo renacentista, y la piedra caliza color ocre, original de Deir El Qámar, fue la que le dio el nombre al inmueble. Este consta de de dos bloques residenciales de alta gama de cuatro pisos además de una azotea. Las fachadas de los dos bloques están unidas por una columnata abierta en esquina, adornada con trabajos de hierro forjado.

Una vez finalizada su construcción, Beit Beirut fue residencia habitacional de familias de clase media alta. Musulmanes y cristianos convivían, como siempre lo han hecho en Líbano, en este edificio de techos altos rodeado de balcones y con amplios ventanales. Durante 1975 y 1990, la Casa Amarilla fue abandonada por sus habitantes y ocupada para fines de guerra. Su ubicación estratégica sirvió como línea divisoria. Su estructura, marcadamente dañada, imposibilitó que volviera a tener su función original de casa habitacional. Quedó abandonada durante muchos años, desgastada en la violencia que tuvo que presenciar. Ya no había habitantes. Pero, afortunadamente, tampoco había guerra. Sus días de dolor habían terminado.

Hoy nos alegramos de pasar frente a ella y quejarnos del tráfico o hacer malabarismos para cruzar la calle, mientras el policía de tránsito trata de controlar a los conductores apurados.

En 1997, con la idea de modernizar la ciudad, muchos de los edificios tradicionales fueron demolidos. La Casa Amarilla casi corre con la misma triste suerte,  pero fue rescatada gracias a activistas dedicados a la preservación de estas construcciones culturales. La reconocida Arquitecta Mouna Hallak ha sido la gran defensora del edificio.  Ella, junto a grupos dedicados a dichos dominios, organizó protestas que evitaron este asesinato cultural, e impidieron la desaparición de Beit Beirut cuyo mayor mérito es el de haber seguido existiendo. Resistiendo en tiempos difíciles. Como Beirut. Como Líbano. Como los libaneses.

En el año 2003, la Muncipalidad de Beirut lo declaró “Obra de Interés Público”, ordenando la reconstrucción del edificio para hacer de él un museo y archivo, con la colaboración del Gobierno Francés. Pero el proyecto, cuyo costo estimado antes de la actual crisis del país era de 18.000.000 de dólares, ha estado detenido por diversas razones, y se espera poder retomarlo.

Y como homenaje a su resiliencia,  debería convertirse en una rica plataforma de diálogo e intercambio, transmitiendo un poderoso mensaje de esperanza en el intrincado ambiente que vive hoy el país.

Un Museo de memoria colectiva y perdón.
Un Museo de convivencia y reconciliación.
Un Museo de cómo el dolor de la separación nos puede dar una lección para seguir adelante.
Beit Beirut está allí.
Recordándonos los buenos tiempos.
Reclamándonos los malos tiempos.
Y alentándonos para vivir en solidarios tiempos.